Meta vuelve a mirar a la muñeca: el smartwatch Malibu 2 reaparece con salud y un asistente de IA como gancho
por Manuel NaranjoMeta lleva tiempo intentando que su hardware sea algo más que un complemento de sus redes sociales. Con el empuje de sus dispositivos recientes, la compañía estaría recuperando una idea que se quedó en pausa: un reloj inteligente con nombre interno Malibu 2. La filtración sitúa el proyecto con vistas a 2026 y le atribuye dos pilares: seguimiento de salud y un asistente Meta AI integrado.
La muñeca es un territorio estratégico. Es uno de los pocos sitios donde el usuario acepta llevar tecnología todo el día, y donde la interacción rápida, con un vistazo o una frase, marca la diferencia.
Un proyecto detenido en 2022 que vuelve con otra prioridad
Malibu 2 no nacería de cero. Meta ya trabajó en un smartwatch en el pasado, pero lo canceló en 2022 en un momento de recortes y reajustes dentro de su división de hardware. Ahora, la reactivación se interpreta como una decisión estratégica: tras reuniones de planificación a finales del año pasado, la compañía habría reordenado su hoja de ruta y colocado de nuevo el reloj entre sus apuestas.
El movimiento también encaja con una tendencia clara: la inteligencia artificial se está convirtiendo en la función paraguas que ordena todo lo demás en los wearables. Quien controle esa capa, controla la experiencia.
Salud y Meta AI: el reloj como acceso rápido, no como simple medidor
Los detalles técnicos siguen siendo escasos, pero la orientación filtrada es clara: Malibu 2 vendría con métricas de salud y actividad, y con el asistente Meta AI como elemento protagonista. En una categoría donde casi todos los relojes miden pasos, sueño y frecuencia cardiaca, la diferencia estaría en el uso: convertir datos en acciones sin obligar al usuario a bucear por menús.
Ahí es donde la muñeca tiene ventaja. Responder un mensaje con voz mientras caminas. Pedir un resumen rápido del día. Lanzar una nota o un recordatorio sin tocar el móvil. O recibir una sugerencia práctica tras una mala noche. Meta parece querer que su IA sea el pegamento de esa experiencia, más que un icono extra en la pantalla.

Un reloj diseñado para convivir con las gafas de Meta
La pista más interesante es que el reloj no viviría solo. La filtración lo coloca dentro de un plan más amplio de wearables: actualizaciones para sus gafas inteligentes actuales y un proyecto de gafas de realidad aumentada con proyección de contenido previsto para 2027.
En ese encaje, el smartwatch puede ser una interfaz de control. Un lugar donde confirmas acciones, gestionas notificaciones y cambias modos cuando no quieres usar la voz en público. Además, suma contexto: las gafas aportan información visual, el reloj aporta biometría y presencia constante, y la IA une ambos mundos.
Para Meta, esa integración tiene una recompensa evidente: si el usuario siente que cada pieza mejora a la otra, es más difícil que abandone el ecosistema.
El desafío: credibilidad, privacidad y un mercado sin paciencia
La entrada en smartwatches no perdona. El comprador espera autonomía razonable, sensores fiables, una app sólida, notificaciones sin fallos y compatibilidad real con Android y iOS. Si el producto sale con promesas vagas o con funciones a medio cocinar, el castigo suele ser rápido: se usa unas semanas y se queda en el cajón.
También pesa el “para qué” del reloj. Si Meta prioriza la IA, tendrá que demostrar que su asistente funciona con rapidez, entiende lenguaje natural en situaciones ruidosas y no se limita a leer notificaciones. El reloj es un dispositivo de segundos, no de minutos: una respuesta lenta o imprecisa se nota más que en el móvil. Y en salud, cualquier métrica ambiciosa, como estrés o recuperación, exige calibración y comunicación cuidadosa para no generar falsas alarmas.
Y hay un punto especialmente sensible: confianza. Un reloj que mide salud toca datos delicados. En esta categoría, la credibilidad se gana con controles claros para el usuario y con explicaciones transparentes sobre qué se procesa en el dispositivo y qué se envía a la nube.
Por ahora no se concretan diseño, materiales ni precio, así que queda por ver si Meta busca un reloj generalista, uno centrado en fitness o uno pensado, sobre todo, para acompañar a sus gafas.
2026 como objetivo y las preguntas que faltan
La ventana que se maneja apunta a 2026, con el reloj como parte de una estrategia para reforzar su presencia en el cuerpo antes de la siguiente oleada de realidad aumentada. Hasta entonces, las claves serán muy concretas: qué sensores incluye, con qué precisión, cuánta autonomía ofrece en uso real, si habrá conectividad móvil y, sobre todo, qué aporta Meta AI cuando no hay cobertura perfecta.
Malibu 2 suena a regreso con intención seria. Meta quiere un lugar en la muñeca porque entiende que la próxima fase del hardware personal se juega en dispositivos que entienden contexto. Si el reloj cumple, puede ser el eslabón que le faltaba. Si no, será otro recordatorio de que, en wearables, el casi no vale.
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